En noviembre se celebró la tercera edición del concurso de microrrelatos solidarios de la Fundación Ilumináfrica, con la que he empezado a colaborar recientemente.

La Fundación Ilumináfrica es una fundación sin ánimo de lucro con el objetivo de contribuir a que las personas de los países en vías de desarrollo con déficit visuales evitables o tratables y sin recursos económicos tengan acceso a una atención visual de calidad. Podéis echarle un vistazo a su web para informaros sobre su labor y por si queréis contribuir de alguna manera.

Al poco de empezar a colaborar con ellos, me enteré de lo del concurso y decidí participar. El concurso se dividía en 3 categorías. No he tenido la suerte de llevarme el premio de la categoría en la que participé, pero bueno, disfruto mucho escribiendo y oye, encantada de participar.

No me enrollo más y, sin más dilación…os dejo con mi microrrelato 😛

 

Bland

A ella siempre le había faltado algo, pero eso no le impedía hacer lo que más le gustaba. Se maneja con todo mejor que mucha gente, como en la escritura. Escribía de día, escribía de noche. Todos la leían, pero nadie sabía que se trataba de ella. Escribía de forma anónima y sus relatos te hacían pensar. Se definía como una persona concienciada con los problemas del mundo y así lo reflejaba en sus historias.

Borges era uno de sus escritores favoritos y uno de sus mayores ídolos, ya que con los años se fue quedando ciego por una enfermedad congénita, pero a pesar de ello nunca renunció a la lectura ni a la escritura. No era el mismo caso que el de ella, pero era una de las personas a las que más admiraba en este mundo. Por ello se había propuesto algo. Quería lanzar una novela que cautivase a todo el mundo, que se hiciese viral, pero de forma anónima. No quería que su novela ganase fama solo por el hecho de que “lo había escrito una ciega”. Así que llevaba ya un tiempo escribiendo pequeños relatos en un blog con el seudónimo que utilizaba desde pequeña, “Bland” (bland –> blind = ciego).

Pasaban los meses, publicó su primera novela y recibía continuamente numerosos premios, pero siempre los rechazaba, o al menos a recibirlos en público. “Su anonimato no había terminado, aún no era su momento”, comenzaba así su segundo libro.

 

 

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